
Una nubosa mañana en Hamburgo tuve la ocasión de conocer al Maestro Omar Rayo; había sido invitado a un almuerzo en la motonave Simón Bolivar de la Flota Mercante Grancolombiana donde yo llegaba a Alemania. Jovial y sonriente nos saludamos, antes que el Capitán Marquez lo llevara a recorrer el buque.
La rigurosa geometría de su obra lo encumbró como uno de nuestros insignes pintores abstractos, aunque también se destacó como dibujante y excelso grabador con sus inolvidables intaglios.
Se aventuró a crear su propio museo en su ciudad natal de Roldanillo, una aventura que le ocasionó no pocas angustias y quien sabe si la muerte; si crear un museo personal era algo romántico e idealista en el s. XX ya entrados en el s. XXI no es tan fácil y genera serios problemas de sostenibilidad a sus sucesores. Seguirán cayendo Rayos por el Maestro!



