
No se deje engañar por la imagen, no son fotografías de nadadoras son esculturas realizadas en resina y coloreadas a mano con óleo.
Las esculturas de Carole Feuerman son instantes capturados de la intimidad, lapsos introspectivos de exuberante conciencia al salir de una piscina, de la ducha o un baño de vapor.
Hay una intención de éxtasis, las figuras se encuentran con si mismas, disfrutan de un enlace místico, de un momentum sin tiempo.
Al observarlas se va del detalla de las gotas de sudor o de agua de la piscina y se pasa a la tersura de su superficie, a lo inquietante de sus presencia que trasciende mas allá de lo que está ante nuestros ojos como detonante de infinitas relaciones y vivencias.
Las esculturas de Carole Feuerman son instantes capturados de la intimidad, lapsos introspectivos de exuberante conciencia al salir de una piscina, de la ducha o un baño de vapor.
Hay una intención de éxtasis, las figuras se encuentran con si mismas, disfrutan de un enlace místico, de un momentum sin tiempo.
Al observarlas se va del detalla de las gotas de sudor o de agua de la piscina y se pasa a la tersura de su superficie, a lo inquietante de sus presencia que trasciende mas allá de lo que está ante nuestros ojos como detonante de infinitas relaciones y vivencias.



